
La crisis global, sus implicaciones para América Latina y el Caribe y el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio
Después de seis años de crecimiento del ingreso per cápita, muy probablemente en 2009 el ingreso per cápita en la región de América Latina y el Caribe disminuirá en casi todo los países, con algunas excepciones, así como también lo hará el ingreso per cápita promedio de la región.
LOS PRONÓSTICOS VAN desde -3% (Barclays) de crecimiento en 2009 a 1.9% (CEPAL) –JP Morgan estima -1.3%, mientras que HSBC -0.1%. Esta es una reducción significativa comparada con las tasas de crecimiento del 5.5% en 2006 y 2007, y 4.6% en 2008.
Pese a que el desempeño macroeconómico de la región durante los últimos años la pone en una situación más estable para enfrentar la crisis (respecto a como lo estaba hace casi 30 años), es cierto que la desaceleración traerá, sin duda, impactos severos a una gran parte de la población de América Latina y el Caribe, no sólo a los pobres, sino también a las clases medias urbanas vulnerables.
La severidad de los impactos dependerá de i) la duración de la crisis, ii) de cómo respondan los gobiernos y de la posibilidad de formar consensos de amplia participación para enfrentar la crisis iii) y de cómo apoye la comunidad internacional los esfuerzos que se realicen en esta materia.
CAÍDA Y DESACELERACIÓN
Todos los motores de crecimiento de la región están afectados: el comercio internacional se contraerá debido a la caída de la demanda por bienes manufacturados y servicios, especialmente el turismo (México, el Caribe y Centroamérica) y por una aguda caída en los términos de intercambio para los exportadores de bienes primarios del sur, mientras que la exposición al comercio ha crecido en las últimas dos décadas.
“Prevalecen debilidades importantes: la región continúa siendo muy dependiente de la exportación de bienes básicos”
Además, todas las fuentes de financiamiento, tales como remesas e inversión extranjera directa, pero también el crédito privado, han mostrado una importante caída. En cuanto a las remesas todavía hay un debate ya que en algunos países han caído y en otros lo que se ha visto es una desaceleración pero en todo caso ya no puede ser considerada como una fuente de financiamiento que se seguirá expandiendo.
Las condiciones que impulsaron el rápido crecimiento de la región durante los últimos seis años se han ido: expansión del comercio internacional, precios altos de bienes básicos, financiamiento abundante y tasas de interés bajas (Ocampo, J.A. 2009).
MEJOR PREPARADOS
Y ante este panorama, ¿por qué decir que estamos mejor preparados hoy que en la década de los ochenta? Primero, América Latina y el Caribe difiere de los ochenta en términos de indicadores macroeconómicos importantes: los niveles de inflación, con algunas excepciones, han sido menores; la política del sector público es más fuerte y el nivel de endeudamiento también es menor, con excepción del Caribe. El déficit fiscal promedio para la región en 1981 era 8% del PIB, mientras que en 2007 el mismo fue un superávit de 3.7%. En 1982 la proporción de deuda externa respecto al PIB era de 45%, mientras que en 2007 fue de 25.8%, y el nivel de reservas internacionales es mucho más alto hacia finales de 2008.
Segundo, la mayoría de los países han puesto en marcha importantes programas sociales (85 millones de latinoamericanos reciben apoyos bajo esquemas de transferencias condicionadas en efectivo), así como otros programas sociales exitosos. Sin duda una razón de nuestra mayor fortaleza para enfrentar la crisis ha sido el fortalecimiento de las instituciones económicas y también sociales de la región.
“En repetidas ocasiones, con las crisis permitimos que la pobreza coyuntural se convirtiera en pobreza estructural”
Sin embargo, prevalecen debilidades importantes: la región continúa siendo muy dependiente de la exportación de bienes básicos. Asimismo, a pesar de los avances, la desigualdad y la pobreza siguen siendo muy altas y la política social no ha transitado de una lógica con base en programas a una visión integrada de protección social.
Los esquemas de seguridad social y de protección social tienen baja cobertura, muestran segmentación clara y tienen beneficios no adecuados para grandes sectores de la población. Igualmente si bien el aumento de la cobertura en educación y salud son sin duda buenas noticias, la calidad de estos servicios que recibe la población más pobre sigue siendo altamente deficiente produciendo rendimientos más bajos de lo esperado bajos a la inversión realizada.
PERDER EL TERRENO GANADO
Lo anterior explica por qué en nuestra región la volatilidad de consumo es mayor que la volatilidad del PIB, y por qué en la desaceleración del ciclo económico, la pobreza y la desigualdad crecen de manera rápida y se recuperan de manera lenta cuando la economía crece.
Tomó 25 años alcanzar los niveles de pobreza que teníamos antes de la crisis de deuda de los 80s. Lo cierto es que hemos mejorado pero ha faltado tiempo para consolidar los logros ya que son muy recientes. Inclusive los análisis que dan cuenta de la ampliación de los sectores medios también muestran la vulnerabilidad de estos sectores que pueden sufrir procesos de empobrecimiento fácilmente.
Los choques negativos están ya teniendo consecuencias macroeconómicas en la región. La caída en el precio de los bienes básicos y la contracción en la demanda externa ha resultado en un deterioro importante en las cuentas corrientes de la región. Este deterioro es mayor en los países exportadores de petróleo. Además CEPAL estima que la pérdida de ingresos tributarios como consecuencia de la caída en los precios de los bienes primarios como gas, petróleo y cobre podría llevar a una caída de los ingresos tributarios directos de entre 7 y 8% del PIB.
“Los efectos negativos de la crisis podrían, incluso, revertir los logros alcanzados hasta ahora en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”
Por otro lado, las monedas locales se han depreciado con relación al dólar, presionadas por los requerimientos de liquidez del sector privado debido a su nivel de endeudamiento. De acuerdo con estimaciones de diciembre 2008, los vencimientos de deuda privada en la primera mitad de 2009 serían arriba de 30,000 millones de dólares.
En repetidas ocasiones, con las crisis permitimos que la pobreza coyuntural se convirtiera en pobreza estructural. Debido a la falta de protección, la ocurrencia de eventos irreversibles (aumento de la mortalidad materna, de la desnutrición y mortalidad infantil y de la deserción escolar) tiene consecuencias de largo plazo y efectos permanentes en el bienestar de la siguiente generación.
EL IMPACTO SOCIAL DE LA CRISIS
Los choques negativos tendrán consecuencias sociales, especialmente a través de su impacto potencial sobre el empleo y la pobreza. Según estimaciones recientes de la OIT, si se considera una tasa de crecimiento de alrededor de 2%, el desempleo en la región puede aumentar en el peor escenario de 7.2% a 8.3% entre el 2007 y el 2009. Lo anterior significa un aumento de cuatro millones de desempleados.
En el mismo informe, la OIT estima que las personas que están activas en el mercado laboral, pero ganan un ingreso menor a la línea de pobreza de dos dólares diarios del Banco Mundial (lo que denomina la OIT como trabajadores pobres), podrían aumentar de 6.8% en 2007 a 8.7% en 2009. Lo anterior implica un aumento de cinco millones de trabajadores pobres en América Latina y el Caribe, y no incluye el impacto sobre la pobreza debido al desempleo abierto. Tomando el escenario más pesimista de los tres presentados por la OIT, y sin tomar en cuenta el impacto de las respuestas de los gobiernos (un escenario pasivo), el desempleo y empleo vulnerable en la región podrían incrementarse considerablemente.
De no tomarse las medidas pertinentes, los efectos negativos de la crisis podrían, incluso, revertir los logros alcanzados hasta ahora en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, principalmente los referidos a reducción de la pobreza extrema, la desnutrición y la mortalidad infantil y materna.
“Los programas de transferencias condicionadas en efectivo deben afinarse para permitir la incorporación de las personas afectadas por la crisis”
Estimaciones de la CEPAL muestran que en 2007 el 12.7%% de la población de la región era indigente, comparado con el 22.5% en 1990. Esta tendencia implica que la región en su conjunto ha avanzado un 87% en el cumplimiento de la primera meta, haciendo posible el cumplimiento hacia 2015. Sin embargo, ante un escenario de nulo crecimiento y escalada de precios, la incidencia de la pobreza extrema podría incrementar de 12.7% a 15.6%, lo que representaría en un escenario pasivo el regreso a la indigencia de hace 4 o 5 años. Si no hay escalada de precios y hay medidas de política pública el impacto podría disminuir de manera importante.
En materia de desnutrición, la región en su conjunto ha alcanzado un 59% en el cumplimiento de la meta. Existen, sin embargo, diferencias importantes entre países, mientras en algunos el avance es aún insuficiente, países como México y República Dominicana ya alcanzaron la meta, y se preveía que el resto tenía altas posibilidades de alcanzarla. Lamentablemente, el impacto de la crisis en la región podría suponer un descenso de 59% a 55% en el avance logrado hasta ahora. Una situación similar ocurriría en términos de mortalidad infantil, que actualmente registra en la región 22 muertes por cada mil nacidos vivos y que podría incrementar a 26 casos, tal y como sucedía a principios de la actual década. Por otro lado, si bien se ha avanzado de forma destacada en la atención prenatal y del parto por personal calificado, el cumplimiento de la meta de reducción de la mortalidad materna está aún lejos de alcanzarse: en Argentina, Chile y Costa Rica se registran tasas inferiores a 50 muertes por cada 100 mil nacimientos, mientras que en el resto hay tasas que oscilan entre 60 en Venezuela, hasta 630 en Haití. El panorama económico actual restringiría aun más el avance en esta materia.
FORTALECER LA PROTECCIÓN SOCIAL
Los efectos de la crisis sobre el empleo, la pobreza y otros indicadores sociales, deben atacarse con iniciativas concretas incluidas en las estrategias que los gobiernos han implementado como respuesta a la situación global. Los programas de protección del empleo, seguro de desempleo y creación de empleos deben discutirse como una opción de política, así como empleos en proyectos públicos de infraestructura, sobre todo pequeños proyectos en localidades pequeñas y comunidades, así como la creación de programas de empleo femenino ya que los paquetes de estímulo en infraestructura no crean empleo femenino. Los programas de empleo son muy importantes especialmente para darle una respuesta a los sectores medios vulnerables (especialmente urbanos) que no reciben apoyo de otros programas del Estado dirigidos únicamente a las poblaciones más pobres.
Los programas de transferencias condicionadas en efectivo deben afinarse para permitir la incorporación de las personas afectadas por la crisis así como de ser posible reforzar sus incentivos.
En donde no existan programas de transferencias condicionadas, se deben implementar programas específicos para mantener a los niños y jóvenes en las escuelas, así como fortalecer los esquemas de salud para madres y niños.
Más importante aún, debe discutirse una visión integrada de la protección social que vaya más allá de la lógica basada en programas. Lo que la región necesita y no ha podido lograr en las últimas dos décadas, es un sistema integral de protección social universal. La crisis llega de nuevo en una situación en la que el Estado no ha desarrollado las herramientas necesarias para apoyar a todos los grupos vulnerables de la población.
Igualmente importante son los programas que eviten el “crowding out” de las pequeñas y medianas empresas por las empresas grandes que ahora acuden en busca de crédito a nivel nacional al cerrárseles las puertas del financiamiento externo y nuevamente recordar que la crisis de los alimentos no se ha terminado y que es necesario no olvidar la llamada de atención sobre la marginación y abandono de las políticas agropecuarias especialmente las dirigidas a la pequeña propiedad agrícola.
ESFUERZOS NACIONALES Y REGIONALES
Debemos ser justos y reconocer los esfuerzos que los gobiernos de la región han hecho. Este es un momento en el que se necesita de la ayuda internacional, especialmente para los países pequeños y medianos. A pesar de las mejoras, la mayoría de los países no cuentan con el espacio fiscal para enfrentar estos retos por ellos mismos. Aunque sus gobiernos ya ha empezado a anunciar paquetes de estimulo, se necesita dinero rápido e incondicional (incluyendo al FMI) y apoyo fiscal de parte del Banco Mundial para generar políticas sociales contracíclicas. Las instituciones regionales (BID, CAF, BCIE y FLAR) están ayudando, pero la suma de toda la ayuda aún es insuficiente para cubrirlas necesidades de financiamiento de la región.
“Ésta es una oportunidad para que las respuestas a la crisis sean incorporadas en una estrategia de largo plazo para hacer frente a los problemas estructurales de la región”
Creemos que la cooperación internacional, ante este entorno de crisis, debe obedecer a principios esenciales. Primero, la cooperación internacional debe poder ser contracíclica y apoyar los programas contracíclicos de los Gobiernos. Segundo, debe establecerse un compromiso, no sólo de aportar, sino de revisar y mejorar la efectividad de la cooperación. Tercero, más allá de la ayuda financiera, se debe revisar a fondo el papel que desempeñan los organismos internacionales.
La cooperación internacional no debe reducirse porque deben ejecutarse políticas que ayuden a mitigar los efectos de la crisis, y que no pueden financiarse con endeudamiento externo dada la situación del mercado internacional de crédito. Programas como seguros de desempleo y de apoyo al empleo, políticas de ayuda alimentaria, así como estrategias para fortalecer los sistemas de salud y educación, parecen hoy, más que nunca, indispensables. Las instituciones regionales (BID, CAF y FLAR) están ayudando, pero esta ayuda aún es insuficiente.
Una estimación reciente muestra que alrededor de US $1 trill. sería adecuado para el mundo en desarrollo (Birdsall, 2009) La cantidad debe provenir de forma inmediata e incondicional del FMI (cerca de la mitad de los fondos) y de otros bancos multilaterales (WB, IDB, ADB). Estos organismos tienen los mecanismos necesarios para ayudar a los países a utilizar los recursos adecuadamente. En la próxima cumbre del G20 deberán emitirse estrategias adecuadas para ayudar al mundo en desarrollo y definir el monto de la cooperación.
CRISIS Y OPORTUNIDAD
En resumen, América Latina y el Caribe está enfrentando una crisis global, después de un periodo de desempeño económico positivo y estable, para la que estamos mejor preparados pero a la cual no somos inmunes. El costo social puede ser muy elevado y distribuirse de manera desigual entre los países de la región. El costo puede ser elevado también en términos de la gobernabilidad democrática especialmente por las posibilidades de un mayor deterioro de la seguridad ciudadana.
“Para hacer los cambios estructurales necesarios es necesario lograr acuerdos básicos en la sociedad, que den cuenta de la posibilidad de un proyecto común”
Como toda crisis esta es una oportunidad para que las respuestas a la crisis sean incorporadas en una estrategia de largo plazo para hacer frente a los problemas estructurales de la región. Debemos recordar que el corto y el largo plazo inician al mismo tiempo. La mayor rentabilidad de la inversión en el largo plazo es sin duda evitar los costos sociales que pueden sucederse hoy. Debemos aprender de la historia que nos enseña que son los países que hacen lo correcto sin divorciar la ética de la economía, los que muestran el mayor desarrollo económico y social después.
En cuanto a los objetivos estructurales pendientes debemos: i) enfocarnos en la pobreza con una estrategia sensible a la desigualdad, ii) integrar las políticas sociales y económicas para disminuir la vulnerabilidad de los sectores medios (menor vulnerabilidad a los choques), iii) diseñar sistemas de protección social que reduzcan la fragmentación social y mejoren la calidad de los servicios públicos y la cohesión social, vi) aprovechar para promover la diversificación productiva (la devaluación que han sufrido las monedas es una ventana de oportunidad en esta dirección si se complementa con los incentivos correctos), vi) pensar en las inversiones en una producción más ecológica, con un mayor desarrollo de las tecnologías limpias y mayor consideración al cambio climático y vii) mejorar nuestra fiscalidad y nuestras instituciones democráticas y estatales.
Para hacer los cambios estructurales necesarios es necesario lograr acuerdos básicos en la sociedad, que den cuenta de la posibilidad de un proyecto común de sociedad a pesar de las diferencias al interior del mismo ya que sin duda la democracia es escoger entre opciones, pero a la vez es necesario, en concordancia con las especificidad histórica e institucional de cada país, lograr encontrar los balances y combinaciones adecuadas entre propuestas (en lugar de un movimiento entre extremos polarizantes) y dejar atrás las dicotomías falsas y simplificaciones que permearon mucho del debate en los ochentas y noventas como por ejemplo la dicotomía falsa entre Estado y Mercado (como si fuera necesario escoger SOLO uno de los dos) o entre lo público y lo privado, lo focalizado y lo universal, el Gobierno y la Sociedad Civil, el mercado interno vrs. el mercado externo, la competitividad vrs. la política sectorial.
Crisis y oportunidad para una América Latina mejor preparada pero aún vulnerable, donde como decía Prebisch, ojalá que no suceda de nuevo en América Latina que las ideas vayan detrás de los acontecimientos.








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