
La crisis global y sus efectos en Latinoamérica y el Caribe
Retroceso de los logros sociales alcanzados en los últimos años
La crisis afecta no solamente a las poblaciones pobres, sino también de manera significativa a las clases medias urbanas con alto grado de vulnerabilidad.
(Desde Nueva York) A PESAR DE QUE EL ORIGEN sea externo, los efectos de la crisis tienen manifestaciones locales concretas, tanto en lo económico como en lo social, que implican retos complejos de política pública. Latinoamérica y el Caribe han pasado de un periodo de seis años de crecimiento del ingreso per cápita a una contracción para el año 2009. La caída se produce tanto a nivel agregado (las estimaciones van desde -0,3% de crecimiento anual del PIB según CEPAL, hasta un -2,1% de acuerdo a Consensus Economics) como prácticamente para todos los países en lo individual, de acuerdo con los pronósticos más recientes.
“Todas las fuentes de financiamiento, tales como las remesas, la inversión extranjera directa y el crédito privado, han mostrado una importante contracción como resultado de la situación global”
La magnitud del impacto dependerá de factores nacionales como la estructura económica, el patrón de integración comercial, el nivel de reservas y la capacidad fiscal para responder ante la crisis, entre otros. De todos modos, en cada caso las consecuencias serán negativas y de importante magnitud.
Todos los motores de crecimiento de la región están afectados: el comercio internacional se contrajo debido a la caída de la demanda por bienes manufacturados y servicios –crucial para México, el Caribe y Centroamérica–, y a un agudo deterioro en los términos de intercambio para los exportadores de bienes primarios del sur, considerando que el peso del comercio exterior ha crecido en las últimas dos décadas en las economías de la región.
IMPACTO Y CONTRACCIÓN
Además, todas las fuentes de financiamiento, tales como las remesas (que caerán 12% en 2009), la inversión extranjera directa y el crédito privado, han mostrado una importante contracción como resultado de la situación global.
Las condiciones que impulsaron el rápido crecimiento de la región durante los últimos seis años han desaparecido: expansión del comercio internacional, precios altos de bienes básicos, financiamiento abundante y tasas de interés bajas. La severidad del impacto de la crisis dependerá de su duración, pero también de cómo respondan los gobiernos y cómo la comunidad internacional apoye los esfuerzos que se realicen en esta materia.
“La crisis tendrá también un rostro femenino, en un contexto en que los programas de respuesta mediante gasto en infraestructura tendrán un sesgo hacia la creación de empleo masculino”
Pese a que el desempeño macroeconómico de la región durante los últimos años la pone en una situación más estable para enfrentar la crisis –respecto a como lo estaba hace casi 20 años–, es cierto que la desaceleración traerá, sin duda, impactos severos a una gran parte de la población. Según estimaciones de organismos internacionales, la pobreza podría aumentar en (al menos) seis millones de personas, lo que implicaría una regresión de hasta tres años en los logros alcanzados. Los retos en este sentido tienen que ver no solamente con la magnitud de los efectos, sino también con su distribución entre los distintos grupos de población.
La respuesta pública debe partir de una evaluación de la capacidad fiscal y los requerimientos de financiamiento –que determinan la posibilidad de respuesta contracíclica–, y del entendido de que la crisis afectará no solamente a las poblaciones pobres, sino de manera importante a las clases medias urbanas con alto grado de vulnerabilidad. Así, al uso de los instrumentos existentes para contener los efectos sociales de la contracción económica, debe añadirse el diseño oportuno de mecanismos innovadores para llegar a grupos que los sistemas de protección social en la región no han incorporado de manera cabal mediante instrumentos de respuesta ante este y otros tipos de riesgo.
AVANCES INSUFICIENTES
La existencia, por ejemplo, de programas de transferencias condicionadas –Oportunidades, Bolsa Familia, Familias en Acción y otros que cubren actualmente a más de 85 millones de personas en toda la región– es un avance. Sin embargo, no asegura ni la flexibilidad de incorporación oportuna de poblaciones afectadas, ni la cobertura a grupos de población tradicionalmente no elegibles, como son los pobres urbanos, siendo además insuficientes para responder al empobrecimiento de importantes grupos de la población.
La crisis tendrá también un rostro femenino, en un contexto en que los programas de respuesta mediante gasto en infraestructura tendrán un sesgo hacia la creación de empleo masculino. Además, poco efecto tendrán estos programas si se concentran en obras de infraestructura grandes cuyo período de planeación e implementación tiende a ser muy largo, siendo mejor concentrar los esfuerzos en obras de infraestructura pequeña a nivel comunal y local.
“La capacidad de respuesta de los países de la región es muy heterogénea, pero en general debemos reconocer que la mayoría de los gobiernos ha anunciado medidas de política contracíclicas”
La desnutrición infantil, la mortalidad materna y la deserción escolar podrían aumentar, especialmente esta última en niveles educativos básicos y en poblaciones pobres, con efectos de largo plazo irreversibles que deben evitarse. El desempleo sin duda aumentará entre la población joven, a menos que la política de contención de los efectos de la crisis se diseñe de manera tal que no sea neutral a estos impactos diferenciados, porque entonces será no solamente insuficiente sino también ineficaz.
Programas específicos de empleo temporal (con énfasis en empleo femenino), financiamiento público de contribuciones a la seguridad social de población que entra al desempleo y la implementación de becas de capacitación para jóvenes deben rescatarse como alternativas a considerar en los programas.
Igualmente, debe considerarse la provisión de líneas de crédito para la micro, pequeña y mediana empresa que pueden estar sufriendo un “crowding out” por parte de las empresas grandes. Además, es necesario prever propuestas sensatas de readecuación de deudas para este sector, que está sufriendo en algunos países un aumento importante en las tasas de interés y/o una caída de los mercados, especialmente en empresas de menor tamaño.
CÓMO EVITAR EL RETROCESO
Desde el punto de vista fiscal, la capacidad de respuesta de los países de la región es muy heterogénea, pero en general debemos reconocer que la mayoría de los gobiernos ha anunciado medidas de política contracíclicas.
“Debe incorporarse en la discusión la calidad de la respuesta”
Sin embargo, estos esfuerzos deben ser complementados con mecanismos de financiamiento externo de las instituciones financieras internacionales que provean fondos rápidamente y con requisitos básicos, sin las condicionalidades excesivas que vimos en el pasado. Además, es importante buscar mecanismos que eliminen el estigma y la posible reacción adversa de los mercados si se usan las líneas de contingencia que algunas de estas instituciones financieras han aprobado como mecanismos de emergencia.
Por último, debemos enfatizar que los requerimientos de financiamiento son muy importantes, pero insuficientes. Debe incorporarse en la discusión la calidad de la respuesta, en términos de su capacidad para llegar con instrumentos de protección específica a grupos de población vulnerables y de generar los acuerdos sociales básicos que permitan la puesta en marcha de políticas consensuadas y eviten la polarización política en una época de alta intensidad electoral.
De no ser así, una crisis que la región no ha generado tendrá consecuencias de largo plazo que implicarán una reversión en los logros alcanzados en los últimos años.








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