
“Es perfectamente posible conciliar crecimiento económico con desarrollo social”
Diálogo con Patrus Ananias, Ministro de Desarrollo Social y Combate al Hambre de Brasil
Patrus Ananias dice que su pais, Brasil, no ha alcanzado la categoria de “país de los sueños”, porque “enfrentamos la carga de una deuda social acumulada, pero estamos logrando superar la pobreza, la desigualdad, el hambre y la desnutrición con éxito”.ANANIAS CREE QUE si es posible “conciliar crecimiento economico y desarrollo social en Brasil, es posible repetirlo en otras partes del mundo”, explica.
“Brasil tuvo un comportamiento ejemplar durante la crisis económica, lo cual fue reconocido por analistas internacionales”
Patrus Ananias es, desde 2004, el Ministro de Desarrollo Social y Combate contra el Hambre de Brasil. Esta es la síntesis del diálogo que mantuvo con el Boletín del Fondo Fiduciario España-PNUD:
¿Cuáles han sido, a grandes rasgos, los efectos sociales de la crisis económica internacional en Brasil? ¿Cómo cree que las políticas sociales ayudaron a amortiguar ese impacto?
Brasil tuvo un comportamiento ejemplar durante la crisis económica, lo cual fue reconocido por analistas internacionales. Hemos sido uno de los últimos países en ser afectados por la crisis y nos encontramos entre los primeros que están consiguiendo superar y retomar el proceso de crecimiento. Esto se debió a cuestiones macroeconómicas y también a las acertadas decisiones tomadas internamente, lo cual aseguró la economía y también mantuvo el rendimiento de los avances social en Brasil. Logramos mantener el ritmo de reducción de la desigualdad a pesar de los efectos de la crisis. La evidencia de este comportamiento está expresada en un estudio realizado por el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) sobre la base de datos de la Encuesta Mensual de Empleo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), realizado en las seis principales regiones metropolitanas brasileñas. El estudio encontró que en estas regiones el índice Gini llegó a su nivel más bajo (0,493 puntos) desde marzo de 2002, cuando el índice comenzó a ser registrado por el IPEA.
“El presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue categórico en decir que los pobres no tendrían que pagar la factura. Él cumplió estrictamente con su compromiso”
Este es un hecho sin precedentes en Brasil, ya que en anteriores períodos de crisis –1982/1983, 1989/1990 y 1998/1999– aumentó la pobreza en las regiones metropolitanas. Ahora, en cambio, no se registra un crecimiento en la tasa de pobreza desde el último trimestre de 2008. La reducción de la desigualdad puede haber sido ocasiada, en parte, por la pérdida de valor real de los ingresos más altos. Sin embargo, no podemos ignorar el impacto de las acciones gubernamentales enfocadas a proteger los ingresos totales de la base de la pirámide en las áreas metropolitanas, con el aumento del salario mínimo y las políticas de transferencia de ingresos de la seguridad social y asistenciales. Luego de las primeras noticias sobre el agravamiento de la crisis internacional, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue categórico en decir que los pobres no tendrían que pagar la factura. Él cumplió estrictamente con su compromiso.
LA FUERZA DE BOLSA FAMILIA
¿Qué nuevas respuestas se implementaron desde el Ministerio de Desarrollo Social y Combate contra el Hambre para enfrentar la crisis económica internacional?
Entre las medidas adoptadas por el gobierno del presidente Lula para hacer frente a la crisis económica mundial, está el fortalecimiento de las políticas sociales, especialmente aquellas que tienen un impacto directo en la protección del poder adquisitivo de los pobres, tales como el Programa Bolsa Familia, que es nuestro principal programa y se articula con otras áreas de la asistencia social y la seguridad alimentaria. No hubo recortes en los programas coordinados por el Ministerio de Desarrollo Social y Combate contra el Hambre. Por el contrario, tuvimos mayor asignación de recursos. En relación a Bolsa Familia, que tuvo la contribución más significativa, el Gobierno promovió un ajuste de 9,67% sobre el valor de las prestaciones para mantener el poder adquisitivo de los más pobres y también aumentó de 120 a 140 reales el límite del ingreso mínimo para incorporarse al programa. Esta medida representó el ingreso de 1,3 millones más de familias al programa, totalizando actualmente más de 12 millones de familias atendidas. El reajuste en el valor del programa fue muy importante porque incorporó la variación del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) entre julio de 2008 y junio de 2009 más un 4% de ganancia real, para consolidar la estrategia de reducción de las desigualdades individuales y regionales.
¿Cómo impactó la crisis en los programas sociales ya establecidos anteriormente a la crisis?
“Además de ciudadanos, las políticas sociales también promueven consumidores”
Todos los programas sociales existentes antes de la crisis económica se han mantenido y reforzado, como he dicho anteriormente. La crisis no tubo un impacto negativo en ellos. El Presidente Lula, en su compromiso con los más pobres, firmado desde su primer mandato, es consciente del papel de las políticas públicas en la promoción de un desarrollo integral e integrado. Todos en su equipo comparten esa idea, inclusive en su equipo económico. En ningún momento durante la crisis fueron considerando recortes en el área social, especialmente en los programas diseñados para combatir la pobreza, el hambre y la desigualdad.
CIUDADANOS Y CONSUMIDORES
Usted viene liderando las políticas sociales de su país, desde hace varios años, y ha implementando numerosos programas de gran impacto. ¿Qué lecciones principales saca de su experiencia que podrían ser útiles para otros países?
Creo que la principal lección que puede aprenderse de la experiencia que estamos desarrollando en Brasil –y de la evaluación de sus impactos en la realidad nacional– es la comprensión de que es perfectamente posible conciliar el crecimiento económico con el desarrollo social. En Brasil estamos consiguiendo demostrar que estas dos acciones son complementarias, no incompatibles. Esta es la principal lección que podemos llevar a otros países. Las políticas sociales tienen una dimensión ética innegable de la defensa de la vida y eso, de por sí, ya las justifica. Es deber del Estado garantizar la vida de sus ciudadanos, estar presente en toda la sociedad, especialmente donde la vida esté más amenazada. Pero las políticas sociales también tienen un efecto práctico que se demuestra en la práctica: además de ciudadanos, las políticas sociales también promueven consumidores. Así, ellas dinamizan las economías locales, son importantes para promover el desarrollo regional, estimular un desarrollo económico más sostenible, más democrático, con justicia social.
Usted es una de las personas con más experiencia en política social en el continente y cree que la pobreza es derrotable. ¿Por qué piensa eso?
“Estamos teniendo éxito en cambiar la vida de miles de brasileños pobres, presentándoles sus derechos y deberes como ciudadanos”
Agradezco, sinceramente, los comentarios halagadores sobre mi experiencia. Un reconocimiento de este nivel nos conmueve, pero también aumenta nuestra responsabilidad. Pero esa experiencia y dedicación a las causas sociales tienen gran parte de mi historia política, construida en las luchas colectivas, junto con los movimientos sociales. De ahí creo que viene mi creencia de que es posible derrotar la pobreza, el hambre y la desnutrición. El desafío de promover un gobierno que priorice la inversión, y por lo tanto, con gran énfasis en las cuestiones sociales, más que una promesa es un desafío ético, moral y político que se impone a nuestra generación.
EL ALMA DE LA POBREZA ES LA DESIGUALDAD
De mi formación política, que se origina en la mejor tradición cristiana, obtengo también una profunda fe en la humanidad. Creo en la construcción del bien común que sea compartido por todos, una dimensión que valore la fraternidad y la igualdad entre los hombres, respetando la singularidad de cada uno. Pero los sueños no se sostienen solos en la abstracción del deseo, por lo que también creo en la posibilidad de crear las condiciones para que esos objetivos se materialicen. En este punto, destaco: la experiencia brasileña me ha permitido soñar aún más alto. Estamos teniendo éxito en cambiar la vida de miles de brasileños pobres, presentándoles sus derechos y deberes como ciudadanos.
“… El alma del hambre es política… Así, el alma de la pobreza, es la desigualdad”.
Todavía no hemos alcanzado el país de nuestros sueños, porque nuestro camino es grande y nos enfrentamos a la carga de una deuda social acumulada, pero estamos logrando superar la pobreza, la desigualdad, el hambre y la desnutrición en el Brasil. Y si estamos alcanzando este objetivo en Brasil, podemos repetir esto en otras partes del mundo. Herbert de Souza, Betinho, dijo que “el alma del hambre es política”. Así, el alma de la pobreza, es la desigualdad.
Estamos confirmando eso en Brasil, demostrando que, con voluntad política y una orientación adecuada, podemos superar nuestras dificultades y construir un mundo mejor. Así podemos continuar con nuestros sueños.








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