
Colombia: crisis y empleo en perspectiva
Artículo del Director Nacional de Planeación
Uno de los principales logros económicos de Colombia en los últimos meses ha sido consolidar la capacidad de respuesta ante la crisis. El avance es trascendental para garantizar la sostenibilidad de los logros sociales.
HISTÓRICAMENTE, AMÉRICA LATINA ha borrado en las crisis lo que construye en los auges.
La respuesta de Colombia a la crisis mundial de 2009 marca un hito en la historia económica del país. Por primera vez se pudo hacer frente a un “choque” externo con las herramientas que recomiendan los textos económicos básicos: reducción de tasas de interés, estímulo fiscal y una creciente red de protección social.
Esto fue posible gracias a lecciones aprendidas del pasado (ejemplo, la crisis de 1999 condujo a mejor regulación y supervisión bancaria y a la implementación de mecanismos de protección a los más vulnerables como “Familias en Acción”); al avance en el “estado del arte” en política económica (ejemplo, consenso sobre la superioridad de tasas de cambio flexibles, reencauce de las políticas keynesianas, desprestigio de la austeridad fiscal a ultranza antes pregonada por el FMI); pero sobre todo por la creciente fortaleza e independencia financiera del país.
El aumento del ahorro interno (impulsado por los fondos de pensiones privados), el manejo prudente de la deuda, una situación fiscal sólida, los incentivos a la inversión extranjera y una inflación controlada, han garantizado el acceso al financiamiento del gobierno y de privados (2009 fue récord en emisión de bonos corporativos en el país) y ampliado el margen de maniobra de autoridades y actores económicos en coyunturas de crisis.
CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN Y RESPUESTA
Es así como a pesar de sufrir un segundo “choque” por la restricción de exportaciones a Venezuela, se estima que el país cerró 2009 con una tasa de crecimiento ligeramente positiva (0,4%), superando a “consentidos” de los mercados como Brasil y Chile y al 75% de las 57 principales economías del mundo a las que hace seguimiento semanal The Economist.
Pero quizás la comparación más diciente es con la crisis de 1999, cuando la economía colombiana se contrajo en 4,2% y el alza marcada en las tasas de interés condujo a que miles de familias tuvieran que entregar su vivienda y a una crisis financiera que terminó costando el 6,5% del PIB y elevó a niveles récord el endeudamiento público. Por esa crisis el país perdió 6 años de progreso social. Recién en 2004 se volvieron a recuperar los niveles de ingreso per cápita de 1997.
En esta ocasión, y en el marco de la peor crisis internacional desde los años treinta, se perderá sólo un año en materia de ingreso por habitante. Este es el logro más importante del país en esta coyuntura y se debe al innegable avance en la capacidad de adaptación y respuesta a las crisis consolidado en los últimos años.
PÉRDIDA DE EMPLEOS
Este tipo de comparaciones también permiten ilustrar el debate sobre el comportamiento de la variable macro que más afecta a las familias: el desempleo. El 2009 no fue un buen año en este frente, como lo corrobora el aumento de 335.000 en el número de desocupados en el país entre diciembre de 2009 y diciembre 2008.
“Entre 2002 y 2009 se crearon aproximadamente 2,9 millones de nuevos empleos”
Sin embargo, y reconociendo que no es consuelo para quienes padecen esta situación, la verdad es que Colombia salió relativamente bien librada de la crisis. Mientras la OECD registra un crecimiento promedio del número de desempleados en los países desarrollados del 58% en septiembre 2008-2009, en Colombia el aumento correspondiente fue del 11%. En ese período, Colombia se ubica en el promedio latinoamericano en materia de deterioro, mejor que Chile y México, pero peor que Brasil y Perú.
Una vez más, la comparación con la crisis de fin de siglo es sugestiva. Entre septiembre de 1997 y septiembre de 1999, la tasa de desocupación en Colombia subió un 65% –de 9,8% a 16,3% según la metodología de la época– y el número de desempleados aumentó aproximadamente un millón trescientas mil personas! En cambio, entre el tercer trimestre de 2007 y el mismo período de 2009, la tasa de desempleo en el país creció un 11,7%, y el número de desocupados en 452.000 personas (ver gráfico). Es evidente que las medidas implementadas en el último año ayudaron a evitar una catástrofe laboral como la de hace 10 años de la que apenas veníamos saliendo cuando se desencadenó la última crisis.
Tasa de Desempleo Nacional en Colombia: 1997-2000 vs. 2007-2009 (%)
(Clickear sobre la imagen para ampliarla)
Fuente: DANE*
LENTA RECUPERACIÓN
Mirando hacia adelante, la recuperación se antoja lenta. El efecto Venezuela y la debilidad de otros socios clave como Estados Unidos y Ecuador dificultarán un rebote vigoroso. En este contexto, y superado el riesgo de una crisis económica más profunda, el tema del empleo cobra aún mayor relevancia.
“Los altos niveles de desempleo en Colombia llaman a la reflexión”
Hay que recordar que su recuperación del mercado laboral normalmente va a la zaga de la reactivación económica y que después de la crisis de 1999 la tasa de desempleo siguió aumentando hasta 2001. De hecho, y aunque entre 2002 y 2009 se crearon aproximadamente 2,9 millones de nuevos empleos, el país no ha logrado retornar a los niveles de desempleo inferiores al 10% de mediados de la década de los noventa.
Este hecho evidencia cómo una recesión profunda, como la de 1999, puede borrar los avances sociales de años y pone de relieve la importancia de contar con las herramientas de mitigación de crisis que ahora tiene el país para impedir que esto ocurra en el futuro.
VISIONES CONTRAPUESTAS
Más allá de los efectos de coyuntura, felizmente controlados en esta oportunidad, los altos niveles de desempleo en Colombia llaman a la reflexión. Desafortunadamente, las visiones sobre cómo bajarlos a cifras de un solo dígito difieren diametralmente. Muchos estudiosos del tema consideran que el desafío reside principalmente en las rigideces de nuestro mercado de trabajo tales como un salario mínimo que es alto con relación al PIB per cápita (56% en Colombia contra 37% en Brasil y 11% en México) y elevados costos laborales no salariales (ejemplos parafiscales).
“Colombia tiene los instrumentos y la institucionalidad para hacer frente a una crisis y así preservar en buena medida los arduos logros sociales acumulados en años buenos”
En la orilla opuesta están quienes consideran que un salario mínimo robusto con beneficios adicionales es fundamental para impulsar el consumo interno y que allanar restricciones al enganche y despido de trabajadores solo contribuye a la tercerización y al empleo temporal.
Cerrar esta brecha no es fácil y este gobierno ha buscado construir consensos en este campo tan sensible en un país como Colombia. Se han protegido los derechos y beneficios de los trabajadores al tiempo que ha habido aumentos controlados en el salario mínimo (entre 2002 y 2010 esté aumentó un 9% en términos reales en pesos, aunque por la revaluación el aumento en dólares fue del 73%).
Al mismo tiempo, se ha buscado, dentro de las restricciones que impone la Constitución, flexibilizar algunas rigideces con el pago gradual de exenciones fiscales para PYMEs nuevas y la expansión de la figura de los aprendices que busca atacar el problema del desempleo juvenil. Lo cierto es que hasta que comenzó la desaceleración en 2008, esta estrategia mostraba resultados, aunque probablemente no a la velocidad que se quisiera y sin reducciones importantes en la informalidad. De hecho Colombia fue, detrás de Argentina y Venezuela, el tercer país que más redujo su tasa de desempleo entre 2002 y 2007 entre las siete principales economías de América Latina.
RECONOCER LAS DIFERENCIAS
Una salida a la disyuntiva social y política antes planteada sería establecer salarios mínimos diferenciales que den mejor cuenta de las brechas en productividad entre diferentes sectores y regiones y entre los niveles de calificación de los trabajadores. Esta práctica es común en el mundo (Chile e Irlanda lo hacen por edad, China y Canadá por regiones, Australia y México por sector/actividad) y de hecho se aplicó por muchos años en Colombia (urbano vs. rural).
“Corresponde mirar hacia adelante y pensar en otras políticas y reformas necesarias para solucionar los problemas más estructurales”
En el país subsisten brechas importantes de productividad entre campo y ciudad que se estiman en un 50%. Asimismo, el salario mínimo equivale más o menos al 35% del ingreso por habitante en Bogotá, mientras que en el Chocó equivale aproximadamente al 120%. Tratar a todas las regiones del país con un mismo rasero en este frente condena a las más pobres a la postración.
La única manera de lograr una verdadera convergencia en ingresos y bienestar entre campo y ciudad, agro e industria y las diversas regiones del país es reconociendo sus diferencias y reflejándolas en las políticas públicas.
Los últimos meses han comprobado que Colombia tiene los instrumentos y la institucionalidad para hacer frente a una crisis y así preservar en buena medida los arduos logros sociales acumulados en años buenos.
Ahora corresponde mirar hacia adelante y pensar en otras políticas y reformas necesarias para solucionar los problemas más estructurales, aquellos que persisten incluso después que las crisis amainan.









PNUD
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Srs. PNUD España: Soy promotor ambiental quisiera saber como los puedo contactar para proponerles ideas para: Programas o proyectos para generar empleo en los Montes de Maria(Colombia) por medio de la reforestacion con proyectos sostenibles, de proteccion y recuperacion de zonas de la region. En los proximos dias les estaré emviando por este medio material fotografico de ayuda. Gracias.
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